COVID-19, una enfermedad también de los niños

Lejos de ser una situación que solamente afecta a los adultos, la infección por SARS-COV o COVID-19 ha demostrado tener potencial de infección en todos los rangos de edad, incluso algunas investigaciones exponen la posible transmisión fetal, esto debido a que se ha encontrado recién nacidos fruto de mujeres positivas para COVID-19 siendo portadores de la enfermedad al momento del nacimiento, esto rompiendo algunos paradigmas anteriores de infecciones por coronavirus.

La transmisibilidad del virus, su periodo de incubación y el hecho de que algunas personas sean portadoras asintomáticas son los factores que han determinado el alto impacto que esta enfermedad ha tenido en la población mundial. La virulencia de la enfermedad está caracterizada por la facilidad de transmisión por vía aérea, así como el tiempo de sobrevida en superficies que se ha estimado hasta de 72 horas en materiales como el cobre y el acero inoxidable. La forma en la cual el virus afecta al ser humano está aún en investigación, lo que se conoce hasta el momento es que al virus ingresar a las unidades de funcionamiento del pulmón llamadas alveolos mediante un receptor específico llamado receptor ECA o receptor de la enzima convertidora de angiotensina, dando lugar a un proceso inflamatorio severo con una destrucción alveolar importante.

Los niños se han descrito como portadores asintomáticos e importantes transmisores de la enfermedad por varias razones, producto del proceso continuo de maduración pulmonar se ha encontrado que en menores de 13 años el receptor ECA no se expresa, situación que ha convertido a los niños en sujetos menos propensos a las complicaciones de tipo pulmonar, características de la infección por SARS-COV. La segunda razón por la cual se ha descrito menor impacto de la enfermedad es la baja prevalencia de enfermedades crónicas en este rango de edad, se sabe que enfermedades como la obesidad, el cáncer, la hipertensión y la diabetes aumentan el riesgo de mortalidad, así como conductas nocivas como el tabaquismo y el consumo de alcohol.

Si bien muchas de estas condiciones anteriormente nombradas agravantes no se presentan con frecuencia en niños, las manifestaciones de la enfermedad son las que se convierten en el principal factor de riesgo de complicaciones en menores de edad. Se ha encontrado que a diferencia de lo que sucede con los adultos, los niños pueden debutar la enfermedad del COVID-19 mayoritariamente con manifestaciones gastrointestinales, la diarrea ha sido descrita en diferentes trabajos de investigación como una de los signos iniciales de la enfermedad en niños, se cree que esta condición puede explicarse debido a que una enzima denominada angiotensina se expresa de manera importante en el intestino delgado, por lo cual el virus posiblemente afectaría este órgano en estadios primarios de la sintomatología.

Los síntomas que presentan los niños hacen que se convierta en una situación de altísimo riesgo para la misma población, se sabe que el potencial de deshidratación y complicaciones de absorción de nutrientes es más alto en menores de edad por lo cual si se presentan diarreas podría llevar más fácilmente a situaciones en donde la vida esté en riesgo. Por todo esto, los gobiernos de todo el mundo han priorizado acciones de aislamiento social obligatorio y medidas de bioseguridad en esta población tanto por el potencial de transmisión de virus, así como por la morbilidad y letalidad de la patología.

Las políticas de cuidado y aislamiento tienen un componente especial para la población pediátrica producto de las dinámicas tanto de comportamiento como de alimentación propias de ésta edad, si bien para un adulto es más fácil comprender la necesidad de una práctica de aislamiento social en una situación de pandemia como la que atravesamos ahora, para los niños no es igual el acoplamiento súbito al cambio de sus mecánicas de vida diaria, el desarrollo social y educativo de los niños está sujeto a condiciones de relacionamiento más básicas que las del adulto, razón por la cual las situaciones de aislamiento pueden llevar en esta población a eventos de estrés, inapetencia, ansiedad y alteraciones del ciclo del sueño.

La alimentación como mecanismo de protección y prevención ha sido utilizado como herramienta en diferentes pandemias a lo largo de la historia, está demostrado que el consumo de 5 porciones entre frutas y verduras al día, el consumo de cereales enteros, el bajo consumo de procesados y azúcares simples en conjunto con la actividad física pueden potenciar el sistema inmunológico de los seres humanos en todos los rangos de edad. Por último, es importante recordar que no se ha demostrado que la suplementación con vitamina C u otros micronutrientes en situaciones como la infección por SARS-CoV mejore o disminuya los síntomas de manera importante, por lo cual no se recomienda iniciar ninguna suplementación sin valoraciones previas de su nutricionista o médico.

Dr. Luis Miguel Becerra. ND, NCP, MSc, (c)PhD

Nutricionista Clínico Pediátrico – Inmunología Digestiva

cPhD Nutrigénetica y Nutrigenómica

Profesor Asistente Departamento de Pediatría, Universidad del Valle, Colombia

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