Vitaminas y minerales claves para fortalecer el sistema inmune en épocas de COVID-19

El COVID-19 es una nueva enfermedad respiratoria aguda y severa producida por un coronavirus oficialmente llamado por la OMS SARS-CoV-2.

A la fecha más de 7.5 millones de personas se han infectado en el mundo por COVID-19, más de 3 millones están activas y ha cobrado la vida a más de 400 mil; afortunadamente se han recuperado más de 3 millones. Los tratamientos médicos, autocuidado y condiciones especiales han logrado salvar muchas vidas.

La malnutrición, los adultos mayores y otras comorbilidades como VIH, tuberculosis, hipertensión, diabetes y obesidad se consideran un factor de riesgo de complicaciones en personas con COVID-19, debido a un sistema inmune comprometido o al riego de contagio en aquellas personas que no padecen esta terrible enfermedad.

El SARS-CoV-2 por ser un nuevo virus, nuestro organismo antes de su aparición no había creado anticuerpos para combatirlo, en ausencia de una vacuna y sin un tratamiento específico efectivo, la única arma que tenemos para defendernos del coronavirus es nuestro sistema inmunitario.

El sistema inmune contra los virus tiene dos objetivos principales: uno es tratar de neutralizarlos y evitar que entren dentro de las células y el otro, si el virus logró atravesar esa barrera y penetrar la célula, es destruir esa célula infectada por un mecanismo que se conoce como apoptosis, que es una muerte celular programada.

Veamos entonces cómo está compuesto, cómo funciona y cómo combate al SARS-CoV-2 nuestro sistema inmune.

El sistema inmunitario es una compleja red de células, tejidos y órganos que trabajan en conjunto para defendernos de los microorganismos y sustancias tóxicas externas que podrían enfermarnos como los hongos, parásitos, bacterias y virus que están presentes a nuestro alrededor; pero en algunos casos particulares ese mismo sistema inmunitario por razones desconocidas puede atacar a nuestras propias células sanas por error y generar enfermedades autoinmunes como artritis, diabetes tipo 1, lupus, Síndrome de Guillain-Barré, entre otros.

Las células inmunitarias se originan en la médula ósea (ver figura 1) y por medio de la sangre (en los leucocitos, que son los glóbulos blancos) y la linfa (el líquido transparente que recorre los vasos linfáticos) llegan y se depositan en mayor cantidad en el bazo, el timo y los ganglios linfáticos, pero también en las mucosas, los pulmones, la piel y el intestino delgado, otra parte se quedan en la sangre y la linfa. (ver figura 2)

Cuando nuestro organismo es atacado por algún microorganismo o sustancia tóxica, como el SARS-CoV-2, nuestro sistema inmune responde de dos formas de manera simultánea.

Una es la llamada respuesta innata, que es la primera que se desarrolla en nuestro cuerpo, no es específica. Ataca en este caso al virus por medio de células llamadas monocitos que aumentan la temperatura corporal para por medio del calor logar neutralizarlo, pero esto no es suficiente. Nuestro organismo libera entonces unas sustancias químicas llamadas citoquinas que producen inflamación y en algunos casos el virus no muere y se hace necesario activar un segundo mecanismo, la inmunidad adaptativa.

La inmunidad adaptativa es una respuesta inmunitaria mayor, desarrollada por los linfocitos T y B, que produce anticuerpos capaces de destruir determinados microorganismos o células infectadas. Esta respuesta puede demorarse en llegar entre cuatro y siete días, por eso la respuesta innata tiene que tratar de mantener la primera línea de batalla, hasta que se desarrolle la respuesta inmune específica para atacar al virus.

Una característica bien importante de la respuesta adaptativa es que deja memoria, es decir, recuerda los patógenos con los que tu cuerpo ha entrado en contacto en el pasado y por ello sabrá cómo combatirlos en el futuro.

Por ser un virus nuevo, no queda totalmente claro si genera inmunidad y si lo hace, por cuánto tiempo dura.

Cuando nuestro sistema inmune (actuando con la respuesta innata y la respuesta adaptativa) no es capaz de combatir el virus, este penetra nuestras células, las infecta y se multiplica de manera exponencial. (Ver figura 3).

Debemos saber que virus solo se puede replicar si tiene una célula en donde hacerlo, de lo contario morirá.

Por ser un virus respiratorio, comienza infectando la garganta, antes de seguir su recorrido por los conductos bronquiales y alcanzar los pulmones donde se presenta una inflamación generalizada que requiere de ventilación mecánica (artificial).

En el 80% de los casos, la respuesta del sistema inmunitario al coronavirus es efectiva y por eso las personas son asintomáticas o sufren síntomas leves. En el 20% restante no. El virus entra en las células porque el sistema inmunitario no lo pudo bloquear.

El resultado final puede ser leve o severo (que puede llevar a la muerte) y esto depende principalmente de la respuesta de nuestro sistema inmunitario.

 Como fortalecer nuestro sistema inmune

El consejo general es tener una nutrición saludable, diversa, completa, balanceada, rica en frutas y verduras de varios colores (esto aumenta la ingesta de antioxidantes y nutrientes asociados) para apoyar así la función inmune innata. Hay mucha evidencia con estudios en animales y humanos que demuestran que la nutrición antioxidante, con ciertas vitaminas y minerales ayudan al sistema inmunitario a funcionar correctamente.

Aunque no hay evidencia específica de que estas medidas nutricionales puedan ayudar a proteger contra o incluso disminuir los efectos de la infección por COVID-19, tiene sentido pragmático apoyar nutricionalmente tanto la salud normal como el sistema inmunitario (con dosis que probablemente no sean dañinas) antes, durante y después de la infección por SARS-CoV-2.

Las vitaminas y minerales juegan un papel fundamental en el metabolismo, ya que actúan como reguladores de las actividades enzimáticas y mantienen en equilibrio nuestro microbioma (trillones de microrganismos que pueblan nuestro intestino), considerado nuestro segundo cerebro.

El 70% de las células de nuestro sistema inmune viven en el intestino, es por esto por lo que al hablar del sistema inmune se deba hacer alusión necesariamente a la nutrición.

Vitaminas y minerales que impactan de manera positiva nuestro sistema inmune.

Las vitaminas y minerales en su gran mayoría son compuestos químicos esenciales para nuestro cuerpo porque no los podemos sintetizar (producir) mediante el metabolismo; con pocas excepciones como las vitaminas D, K, B1, B2 y ácido fólico, las demás las debemos tomar de los alimentos.

El mantenimiento y el reemplazo constante de la mayoría de las células inmunes dependen en gran medida de un suministro adecuado de energía, nutrientes y micronutrientes (vitaminas y minerales).

Los estudios han demostrado que las principales vitaminas que actúan de manera directa para el buen funcionamiento del sistema inmune son las vitaminas liposolubles: A, D, E y las hidrosolubles: B6, ácido fólico, B12 y C; los minerales (llamados también elementos trazas): magnesio, hierro, cobre, selenio y zinc.

Sin embargo, la ingesta inadecuada de estos micronutrientes es bastante común al menos en el caso de ciertos micronutrientes y su presencia no se limita sólo a los países de bajos ingresos. Paradójicamente se ha evidenciado un bajo nivel de varios micronutrientes en personas con sobrepeso y obesidad. Las razones no siempre son obvias, pero las dietas ricas en alimentos altamente procesados con alto contenido de grasa y azúcar no solo promueven el aumento de peso, sino que generalmente también son pobres en vitaminas, minerales y elementos traza.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define los micronutrientes como “varitas mágicas” que permiten al cuerpo producir enzimas, hormonas y otras sustancias esenciales para el crecimiento y desarrollo adecuado. “Tan pequeñas como son sus cantidades, sin embargo, las consecuencias de su ausencia son graves”.

Funciones principales y fuentes de las vitaminas y minerales

Vitamina A: Potencia la acción de los linfocitos T y B, importante para la respuesta inmune intestinal; regula la producción de sustancias proinflamatorias. Fuentes principales: hígado (cerdo, ternera), zanahoria, batata, calabaza, espinacas, col rizada, melón, pimiento dulce (rojos).

Vitamina D: Regula las proteínas antimicrobianas, responsables de modificar el microbiota intestinal; protege los pulmones contra la infección, los riñones y la córnea; regula el efecto de sustancias proinflamatorias; regula la acción de los linfocitos T. Fuentes principales: Jurel (aceitoso), salmón, anguila, arenque del Atlántico, trucha de cultivo y la luz solar.

Vitamina E: Protege las membranas celulares del daño causado por los radicales libres; regula los efectos proinflamatorios; mejora el funcionamiento de los linfocitos T. Fuentes principales: aceite de germen de trigo, aceite de semilla de girasol, aceite de colza, aceite de oliva extra virgen, avellanas, almendras sin piel, col rizada y garbanzos.

Vitamina B6: Regula la función inmune del intestino; necesaria para la síntesis de proteínas productoras de citoquinas; regula la inflamación; participa en la activación de linfocitos T. Fuentes principales: hígado (res), salmón del Atlántico, pechuga de pollo con o sin piel, papas cocidas con piel, pimientos dulces (rojos), plátano, atún, repollo chino, pistachos, amaranto, semillas de girasol y lentejas.

Ácido fólico: Regula la función inmune del intestino; necesaria para la síntesis de proteínas productoras de citoquinas; refuerza la actividad de los linfocitos T; participa en la producción de anticuerpos. Fuentes principales: espinacas crudas, hígado (res), frijoles rojos, coles de Bruselas crudas, garbanzos, quinua, fresas, semilla de girasol secas y yema de huevo.

Vitamina B12: Regula la función inmune del intestino; necesaria para la síntesis de proteínas productoras de citoquinas; refuerza la actividad de los linfocitos T; facilita la producción de células T; participa en la producción de anticuerpos. Fuentes principales: hígado (res), riñones (res), mejillones, atún, caballa del Atlántico, arenque del Atlántico, trucha arcoiris, alga nori (seca), carne de res, huevo entero, leche de vaca entera y queso.

Vitamina C: Promueve la síntesis de colágeno y protege las membranas celulares del daño causado por los radicales libres; a dosis altas ejerce efectos antimicrobianos; regenera sustancias antioxidantes como la vitamina E; regula la producción de linfocitos T. Fuentes principales: guayaba, pimientos dulces crudos (amarillos), grosellas negras, col rizada (cruda), brócoli crudo, kiwi (verde) y cítricos (naranja, mandarina, limón).

Magnesio: Cofactor de enzimas del metabolismo de los ácidos nucleicos; protege el ADN contra el daño oxidativo; cofactor en la síntesis de anticuerpos. Fuentes principales: cacao en granos y en polvo, salvado de trigo, hinojo (semillas), cúrcuma (semillas), café en polvo, té, calabaza (semillas), linaza (semillas), almendras (semillas), caracol, soya, cardamomo (semillas), maní, huevo de gallina (blanco), acelga, borraja, aguacate, bananas, frescas (sin piel), brócoli, espárragos, hígado (ternera), jugo de mango, piña y zanahoria.

Hierro: Involucrado en la muerte de bacterias; implicado en la síntesis de ADN; regula la producción de sustancias proinflamatorias; importante en la proliferación de linfocitos T. Fuentes principales: hígado (cerdo), semillas de sésamo enteras (ajonjolí), semillas de calabaza, amaranto, frijoles, lentejas, corazón (pollo), linaza, avena, espinacas y carne de res.

Cobre: Ejerce efectos microbicidas; elimina radicales libres; mantiene el equilibrio antioxidante intracelular; regulador de la respuesta inflamatoria; importante en la proliferación de linfocitos T. Fuentes principales: hígado (oveja, ternera, res, cerdo), champiñones secos, ostras, soya (proteína), semillas de girasol, anacardos y salvado de trigo.

Selenio: Potente antioxidante celular; importante en la proliferación de linfocitos T; ayuda a mantener los niveles de anticuerpos. Fuentes principales: nueces de Brasil, riñón (cerdo), bacalao, yema de huevo cruda, granos de trigo, semillas de sésamo y maní.

Zinc: Ayuda a mantener la integridad de la piel y la membrana mucosa; ayuda a la renovación de células inmunes; agente antiinflamatorio; regula la producción de sustancias proinflamatorias; antioxidante celular; ayuda a la activación de linfocitos T; participa en la producción de anticuerpos, particularmente IgG. Fuentes principales: ostra, semillas de calabaza, corazón (pollo), hígado (cerdo); semillas de sésamo enteras (ajonjolí), carne de res, avena y lentejas.

¿Por qué se presentan deficiencias de vitaminas y minerales?

Las causas principales de la deficiencia de vitaminas y minerales son: dietas de baja calidad, baja biodisponibilidad, escaso conocimiento, prácticas de autocuidado, bajos ingresos económicos, variación estacional en la disponibilidad de alimentos, factores y creencias culturales, aumento del requerimiento debido a pérdidas e infecciones.

Futuro de la humanidad ante la pandemia por COVID-19

Según las estadísticas mundiales y la observación de que hay más posibilidades de que los seres humanos no saludables se vean afectados por el coronavirus. Las personas poco saludables son mucho más vulnerables. Las razones son: sistema inmunitario débil, falta de vitaminas y minerales, alimentación no saludable, falta de higiene, principalmente llevan a un mayor riesgo de infección.

Las personas poco saludables tienen más probabilidades de contraer el COVID-19, con lesión pulmonar aguda, enfermedad cardíaca, hipertensión, diabetes o enfermedades renales, lo que debilita la capacidad de su cuerpo para combatir las enfermedades infecciosas. La mortalidad es directamente proporcional a la malnutrición.

Conclusiones y recomendaciones:

  1. Limitar el consumo de alimentos procesados (comida “chatarra”), comer con atención (comer cuando tenga hambre y parar cuando esté lleno), hidratación, estilos de vida saludable (deporte moderado para no dejar sin reservas al sistema inmune, sueño, control del alcohol, evitar el tabaco y buenas prácticas de higiene).
  2. Consuma suplementos de vitaminas y minerales siempre que sean recomendados por un especialista en nutrición.
  3. Recuerde que la vitamina D la produce nuestro cuerpo utilizando la luz solar. El uso de bloqueadores solares y la no exposición al sol influye de manera directa en su síntesis.
  4. Ningún producto, por maravilloso que parezca, suple los beneficios de una dieta sana, variada y equilibrada. Esta fortalecerá nuestro sistema inmune.
  5. Las sustancias lo suficientemente potentes como para ayudar, también pueden ser lo suficientemente potentes como para hacer daño.
  6. Los micronutrientes (vitaminas y minerales) siempre han estado presentes en la naturaleza.
  7. Hay productos que han tenido un gran éxito comercial, pero eso no es garantía de nada.
  8. El precio de algunos suplementos nutricionales llega a ser el doble o el triple que el producto “natural”.
  9. Acuda a un terapeuta para manejo de factores psíquicos como las pérdidas, la angustia y el estrés, ya que afectan el funcionamiento normal del sistema inmune.
  10. Que el alimento sea tú medicina, y tu medicina sea tú alimento.

Dr. Javier Restrepo, Q.F

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