Mitos y realidades de la diabetes

Las falsas creencias van ligadas con la falta de información. Esclarecerlas es determinante para neutralizar las consecuencias nocivas que ocasionan.

Mito. La diabetes mellitus es contagiosa.

Realidad. Es una condición con un factor genético hereditario y ambiental importante, por ello puede aparecer en varios miembros de una misma familia, con iguales patrones de alimentación y escasa adherencia al ejercicio.


Mito. Existe la diabetes emocional. Un enojo, susto o impresión provocan diabetes.

Realidad. La diabetes es una enfermedad causada por fallas en el metabolismo o forma en la que el cuerpo utiliza y aprovecha los alimentos.

Cuando enfrentas un estado de alarma, estrés o cuando tienes una emoción muy fuerte (enojo, susto, impresión) tu cuerpo produce hormonas como la adrenalina que actúan en contra de la insulina y eso hace que los niveles de glucosa se disparen. Entonces no fue el enojo ni el estrés, lo que pasó es que los niveles ya empezaban a subir y esa gran emoción detonó la enfermedad en un individuo predispuesto.


Mito. Existe la vacuna contra la diabetes mellitus.

Realidad. No hasta este momento


Mito. La diabetes mellitus se cura.

Realidad. A la luz de los conocimientos actuales, no existe su cura.


Mito. Las personas obesas o con sobrepeso van a tener diabetes tipo 2.

Realidad. El sobrepeso/obesidad es un factor de riesgo para la enfermedad, pero otros factores también influyen como los antecedentes familiares, raza y edad.


Mito. Si como mucho dulce me hago diabético.

Realidad. Que una persona consuma azúcar en grandes cantidades no significa que desarrollará el padecimiento, ya que éste se debe a la combinación de varios factores de riesgo como el sedentarismo y el sobrepeso, además de una carga genética para la misma. Sin embargo, el exceso de dulces provoca aumento de peso y por lo tanto incrementa las posibilidades de desarrollar diabetes.


Mito. La medicina alternativa cura la diabetes.

Realidad. Muchas personas abandonan el tratamiento médico dejándose seducir por esta creencia. El uso de tés, hierbas, vacunas y cualquier otro tipo de “planta mágica”, lo que provoca es que el padecimiento se agrave.


Mito. Me han recetado insulina, significa que la enfermedad está muy avanzada o que fracasé en el cuidado de mi diabetes y tengo poco tiempo de vida.

Realidad. La insulina puede recetarse en cualquier momento después del diagnóstico; todo depende de poder lograr un control óptimo de tu diabetes, no importa con qué. Cuando las cifras de glucosa no alcanzan niveles normales con medicamentos orales, es el momento de usarla para retrasar o prevenir complicaciones, además de ofrecer una mejor calidad de vida.


Mito. La insulina causa adicción.

Realidad. No. Es el tratamiento más seguro y eficaz, sobre todo para la tipo 1.


Mito. La insulina causa ceguera, amputaciones, daño en riñón y diversas complicaciones

Realidad. Esta es una de las creencias más frecuentes y la más peligrosa. La causa de la ceguera es el descontrol y el mantener niveles de glicemia altos por el uso de medicinas orales cuando éstas ya no son efectivas, por el temor a la inyección. La aparición de complicaciones a largo plazo coincide frecuentemente con la necesidad de prescripción de insulina y obedece a que se ha mantenido un descontrol prolongado que ha ido afectando diversos órganos de nuestro cuerpo.


Mito. No se debe considerar la diabetes gestacional como algo serio dado que desaparece luego de dar a luz.

Realidad. Aumenta el riesgo de que la madre e hijo/a tengan diabetes en el futuro.


Mito. La mujer que padece de diabetes mellitus no puede tener hijos.

Realidad. Si puede, con buen seguimiento de parte del equipo médico involucrado, antes, durante y después del embarazo; llevando un control estricto de los niveles de glicemia llega a término con éxito. La planeación es determinante.


Mito. Los niños con diabetes mellitus no crecen.

Realidad. La insulina es una hormona determinante en el desarrollo y crecimiento de los niños por lo que se puede dar el caso de que no alcancen la estatura deseable cuando sufren la enfermedad y ésta no es controlada.

Los niños y adolescentes con el padecimiento que mantienen su glucosa en niveles aceptables y toman con responsabilidad el cuidado de su salud, crecen normalmente.


Mito. Las personas con diabetes tienden a enfermarse y resfriarse.

Realidad. Las personas con diabetes no son más propensas a enfermarse o resfriarse que los demás. Sin embargo, se recomienda que se pongan la vacuna contra la gripe. Esto se debe a que cualquier enfermedad puede dificultar el control de la diabetes y las personas con diabetes que se resfrían tienen mayor probabilidad que los demás de tener complicaciones serias.


Mito. Están completamente prohibidos los carbohidratos y harinas en el paciente diabético.

Realidad. La dieta de todo ser humano debe ser variada, balanceada y contener proporciones definidas de todos los grupos de alimentos, carbohidratos, grasas y proteínas. En el caso del diabético, debe cuidar el consumo de azúcares complejos, como panes blancos, repostería, entre otros.


Mito. Los productos light pueden consumirse indiscriminadamente.

Realidad. Los productos dietéticos, light o especiales para personas con diabetes sí tienen calorías. Es cierto que contienen menos grasa o menos azúcares, pero al comerlos sin control o en exceso, se acumulan en tu organismo y provocan sobrepeso.


Mito. La gente con diabetes debe comer alimentos especiales para diabéticos.

Realidad. Un plan saludable de alimentación para personas con diabetes generalmente es igual al de cualquier persona: bajo en grasa (especialmente grasas saturadas y trans), consumo moderado de sal y azúcar, alimentos con granos integrales, vegetales y fruta. La comida para diabéticos y “dietética” en general no ofrece ningún beneficio especial.


Mito. ¿La gente con diabetes puede hacer ejercicio?

Realidad. ¡Sí! Y debe. Hacer ejercicio de manera regular es una parte importante del manejo de la diabetes. El ejercicio físico ayuda a mantener el peso y es genial para controlar el azúcar en sangre.

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